Catarata Parijaro

Catarata Parijaro

Icon 3 julio, 2018
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Empezó el día en Satipo con un excelente cielo despejado, y como era de esperarse tenía que renovar energías con un buen desayuno en Toro Bravo. Satisfecho miraba la jarra con esa deliciosa bebida llamada Chapo, la misma que días después hubiese querido tener frente mío y sin piedad hubiera terminado toda la jarra en tan solo un sorbo.

Con mochila en hombros y listo para seguir la ruta llegamos a Puerto Chata, ubicado a 1 hora y media por carretera desde Satipo y donde se encontraban las chalupas (deslizador, bote) listas para embarcar y seguir el recorrido vía fluvial por el Río ene.

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Era la primera vez que pasaba tanto tiempo navegando por un río, ya que el viaje duró 4 horas hasta Puerto Kiteni, donde luego de presenciar un hermoso atardecer y terminar de armar la carpa, aproveché en cargar baterías y refrescarme en una tienda del Centro Poblado “Sarita Colonia”.

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La cena a base de tallarines con atún hecho por nuestra amiga Jessica Mungi, quien nos apoyo cocinando estuvo deliciosa. Luego de un breve descanso y contar una que otra anécdota ocurridas en diversos viajes, fui a descansar.

 

Desperté a las 5 de la mañana y algunos compañeros ya se encontraban guardando sus carpas por lo que tuve que apresurarme y en un par de minutos ya embarcados en la chalupa nos dirigimos hacia la Comunidad Nativa Asháninka Barropampa, el nombre era preciso para el lugar, el trekking se dificultaba por el barro espeso que rodeaba el camino, y bueno, era de esperarse por la lluvia que cayó en la madrugada.

El jefe de la comunidad nos recibió amablemente y permitió que guardemos ciertos objetos que no era de mucha utilidad en el camino, es importante aligerar la mochila. Luego de un corto descanso seguimos la ruta.

Ya eran casi 5 horas caminando entre flora y fauna, respirando aire fresco que era lo que más necesitaba, no todo los días y menos en Lima gozaba de tanta frescura. Tenía las zapatillas llenas de barro, y ya con ganas saltaba por los charcos mientras tomaba sorbos de agua.

A lo lejos ya podía ver la Comunidad Nativa Asháninka Alto Camantavishi, donde tomé agua de coco y comí un par de deliciosas yucas cocidas. Luego se acercó Gisela, una joven profesora vestida con una cushma rosada que amablemente nos ofreció Masato, una bebida infaltable por estos lugares.

Un grupo de colegas periodistas decidieron quedarse en la comunidad, yo estaba en el grupo que decidió seguir el recorrido, así que alisté lo necesario y en pocos minutos ya estaba sentado en una balsa de 7 troncos delgados cruzando el río Cutivireni dirigido por Pireda, un nuevo amigo de la comunidad que trasladó a todo el grupo de orilla a orilla, no fue nada fácil para él, se requiere de mucho físico y destreza pero lo logramos, ¡muchas gracias Pireda!

Eran casi las 5 de la tarde y empezamos el ascenso por el monte, es importante colocarse repelente, ni lo dudes. Anochecía y el hambre era de esperarse, unos amigos tenían galletas que compartieron con todo el grupo, mientras otros preparaban linternas y sus voces, pues tenían que avisar si se topaban con algún hueco o rama caída en el camino.

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Las lianas en la ruta hicieron que muchos de nosotros nos columpiáramos sin dudarlo, nuestro niño interior había salido a brote y a pesar que ya eran varias horas caminando, seguíamos con buen humor, todos reían y uno que otro lanzaba alguna frase divertida.

Estaba cansado, no lo voy a negar, pero tenía una sonrisa marcada en el rostro, ¿debería estar enfadado? o ¿tal vez quejándome?, porque ya eran varias horas caminando, pero estaba feliz, no todo los días se camina por la selva, trepando, cantando y colgándose de una que otra liana, ni mucho menos cruzando pequeños puentes hechos con troncos de arboles, y que por cierto los crucé a paso de tortuga para evitar caerme en algún pequeño riachuelo, quise mantenerme seco hasta llegar a la catarata.

Comunidad Asháninka Nativa Alto Parijaro

¡Llegamos! gritó un compañero. A buena hora, eran las 11 de la noche y ya no tenía batería para la linterna, hasta que de un momento a otro me percato que todos corrían para tener un buen lugar donde dormir. Con estar cerca a la fogata me conformaba.

Había amanecido y abrí ligeramente los ojos, ya que el sol estaba imponente. El ambiente se tornaba alegre y todos teníamos ganas de probar un buen desayuno, el mismo que nuestra amiga Jessica Mungi con ayuda de los guías preparó. Cada uno con plato en mano degustamos de tan rico desayuno.

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El jefe de la comunidad nos da la bienvenida oficial y reúne a nuestros hermanos asháninka, algunos nos miraban con asombro y otros con una gran sonrisa mientras su jefe nos contaba las dificultades que tienen para trasladar a las personas enferma de su comunidad, y también el abandono total del estado peruano acompañada de falsas promesas de diversas autoridades de su región.

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Con el respectivo permiso y agradecidos por el recibimiento, seguimos caminando y cruzando pendientes, apoyándonos en cada árbol casi abrazando uno que otro, y confiando en la dureza de las ramas que estaban en el camino mientras descendíamos.

Ayudados por una soga que amarraba de extremo a extremo nuestro guía Gaspar, agilizó el descenso. El camino se tornó resbaladizo y se formaron charcos por la lluvia que cayó en la madrugada, pero que ya no era un obstáculo tan difícil de superar, ya que nuestros grandes amigos y guías Daniel Garrito y Gregory Cornejo ayudaron sosteniendo las cámaras, trípodes y otros objetos pesados.

Ya se cumplían casi 2 horas y se escuchaba cada vez más cerca el río Cutivireni, esta vez bordeamos sus orillas hasta ver al guarparque de Sernanp, quien nos ayudó a cruzar el río en balsa hacia el otro extremo, me sentía más confiado que la primera vez.

Al llegar al otro extremo del río continuamos el trekking. Pasé casi 40 minutos caminando por una ruta rocosa cerca a la orilla, mientras cientos de mariposas pintaban el camino con sus asombrosos colores y pequeñas caídas de agua complementaban perfectamente con el paisaje.

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El calor de aquel día fue una gran excusa para refrescarme la cara con el agua del río, ganas de meterme un chapuzón me sobraban, pero seguí caminando hasta que subí a una enorme roca y ahí estaba a tan solo unos cuantos pasos, el principal motivo de quienes asumimos este gran reto, la impresionante Catarata Parijaro, la misma que asombró a todos con su caída de agua de 262 metros aproximadamente.

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Se encuentra en el Distrito de Río Tambo, Provincia de Satipo, Departamento Junín. Ubicada a 707 m.s.n.m. y con una caída de agua de 262 metros aproximadamente.

No despegaba la mirada de tan hermoso paisaje, a pesar de que estaba cansado en ese momento me olvidé de todo, tan solo disfrute el “aquí y el ahora”, porque no hay nada más agradable que llenarse de la energía que nos transmite la naturaleza.

 


Lo que debes llevar:

  • Ropa de colores claros, liviana y de fácil secado (clima tropical), polo manga larga, pantalón largo (se puede utilizar short, en lo personal prefiero pantalón largo para evitar la picadura de insectos), varios calcetines, zapatillas de trekking, protección solar, silbato, gafas de sol, gorra, bolsa pequeña para guardar los desechos, repelente para evitar picadura de mosquitos, agua (tomar pequeños sorbos de manera regular) y frutos secos (maní, pasas, etc). En cada viaje siempre es importante llevar el Documento Nacional de Identidad o Pasaporte en caso provengas de otro país.

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